Hace unos días estaba escuchando una de las mejores canciones de Bruce, en la preparación de una entrada futura sobre la que tengo grandes expectativas, y estaba disfrutando de la música de este maestro, en ese momento tuve la percepción de que en el tema que estaba sonando se destilaba una hondura especial desde el lamento del cantante, los versos se desgranaban con una cadencia hermosa y oscura, y la sensación global era de que me estaban contando algo muy importante, incluso trascendente. El poema que arma la canción nos habla de las referencias más íntimas que tiene el ser humano, el hogar y el padre. My Father's house es un himno muy presente en mis escuchas pero hasta la fecha no me había parado a pensar sobre la esencialidad de la historia:
Last night I dreamed that I was a child out where the pines grow wild and tall
I was trying to make it home through the forest before the darkness falls
I was trying to make it home through the forest before the darkness falls
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Bruce se desnuda cantando a la memoria de su padre |
No me extenderé más en el sensacional canto del Boss porque ya habrá ocasión para hablar algo más sobre él, reseñado queda que es el motor que puso en marcha estas letras y que es un placer conectar de manera tan directa con el alma de ese tipo tan cercano como es Bruce Springsteen. Queda establecida la línea argumental de esta entrada, el impacto hondo que trasciende en creaciones que viajan a la ausencia del padre.
La segunda referencia que me viene a la cabeza sin esfuerzo acerca de este tipo de obras que habitan en la esencia personal comentada es un libro, una obra que se inicia con la muerte de un padre, La invención de la soledad (1982) de Paul Auster. Auster es un novelista menor que ha ido de más a menos en su carrera, sus novelas iniciales La trilogía de NY (1987) o La música del azar (1990) son claramente más interesantes que otras posteriores hasta llegar a la decepcionante Sunset Park (2010) donde el autor se muestra terriblemente confundido acerca de la novela que quiere escribir y se manifiesta este dislate en la que consigue editar. Le atribuyo a Auster un excesivo éxito y ello genera una escritura poco pulida, sus obras son esbozos de textos que podrían ser mejores y que, en general, se ofrecen laminados por la torpeza que produce la falta de profundidad en las revisiones que toda obra precisa.
Pero en los inicios de su carrera escribió La invención de la soledad y en ese opúsculo de memorias nos ofrece una primera parte, llamada Retrato de un hombre invisible, en la que reflexiona sobre el papel que su padre jugó en su vida, luego, en la segunda parte, El libro de la memoria, se sitúa como padre para explicarse y ya no tienen tanta intensidad. Nos encontramos de nuevo con honduras notables, Auster intenta llenar los huecos de su carencia paternal en un hermoso ejercicio que no culpabiliza, que no achaca al padre lejano la responsabilidad de la distancia ni tampoco se ofrece como víctima de nada, narra sobre la lejanía y ello le aproxima a nosotros, los lectores, con un gran acierto:
"Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. El acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía, ha mantenido esa herida abierta. En ocasiones he sentido un dolor concentrado en mi mano derecha, como si sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes."
El nivel en el que se mueve el texto nos sitúa también en territorios íntimos del creador, el timbre es profundo, la narración captura por la autenticidad universal de lo que estamos leyendo y cuando uno levanta la vista al finalizar lo hace habiendo recibido un impacto emocional que deja huella. Es un libro que captura y hace reflexionar, me gusta regalarlo y lo he hecho en varias ocasiones, ahora lo recomiendo desde este foro.
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Paul haciendo de padre, el lenguaje corporal de ambos es revelador |
"Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. El acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía, ha mantenido esa herida abierta. En ocasiones he sentido un dolor concentrado en mi mano derecha, como si sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes."
El nivel en el que se mueve el texto nos sitúa también en territorios íntimos del creador, el timbre es profundo, la narración captura por la autenticidad universal de lo que estamos leyendo y cuando uno levanta la vista al finalizar lo hace habiendo recibido un impacto emocional que deja huella. Es un libro que captura y hace reflexionar, me gusta regalarlo y lo he hecho en varias ocasiones, ahora lo recomiendo desde este foro.
Una conocida guitarra puntea de forma suave pero intensa, la tremenda elegancia del gentleman Clapton no permite intuir aún lo que se avecina, las cuerdas se afilan aupadas por el metal de los charles, se ahondan, y la voz abre el creciente desgarro con el que EC nos habla de los ojos de su padre, My father's eyes, para contarnos el dolor por la pérdida de su hijo. Si yo hubiera sido Climmie no hubiera puesto los coros que reblandecen el dolor, o los hubiera puesto en tono de Gospel salvaje, no obstante el viaje a la ruptura vital está garantizado, no hay veleidades sonoras ni demasiado cromatismo que adorne, básicamente es un hombre que ha perdido un hijo y que canta a su padre, aspectos mayores de la existencia, temas universales donde los haya, y una vez más, una obra que merodea al padre recoge con precisión la profundidad y el dramatismo que la añoranza sobre los ausentes hace explotar.
Si la figura del padre en Bruce era el símbolo del paraíso perdido de la infancia, de las raices primordiales y de la desorientación que se genera en su ausencia, la de Clapton representa, como en Auster, la fijación de los hitos personales entre las generaciones, el autor como puente entre su padre y su hijo, el uno le alimenta al otro en su relación, esas relaciones que no se eligen pero de las que uno jamás escapa (las familiares).
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Un padre con su hijo, antes del desgarro |
Where do I find the words to say?
How do I teach him?
What do we play?
Bit by bit, I've realized
That's when I need them,
That's when I need my father's eyes.
My father's eyes.
That's when I need my father's eyes.
La experta producción con la que la canción, y el disco, están dotados no logra esconder el hilo tenso y directo que traza EC, una conexión sustentada en la desnudez que exhibe y que se hermana sin fisuras con nuestras páramos anímicos.
How do I teach him?
What do we play?
Bit by bit, I've realized
That's when I need them,
That's when I need my father's eyes.
My father's eyes.
That's when I need my father's eyes.
La experta producción con la que la canción, y el disco, están dotados no logra esconder el hilo tenso y directo que traza EC, una conexión sustentada en la desnudez que exhibe y que se hermana sin fisuras con nuestras páramos anímicos.
Seguimos el recorrido de obras marcadas por la ausencia del padre, y no nos alejamos de la familia Auster, Siri Hustvedt es su mujer y también es escritora, una maravillosa escritora. La dimensión de sus novelas es muy superior a la de Auster, en las dos que he leído (ahora ando con La mujer temblorosa o la historia de mis nervios, 2009) he descubierto a una excitante agitadora del insondable mundo de las relaciones humanas y, sobre todo, de las relaciones familiares.
Con Siri la presencia de la ausencia paterna es muy potente, pierde a su padre en 2004 y la primera novela que edita con posterioridad es la Elegía para un americano (2008) donde mezcla la ficción sobre la resolución de un enigma en la vida de un padre, recientemente fallecido, de dos hermanos (el enigma es un macguffin de manual, la excusa de la que se dota la autora para para trazar esta novela dual, de carretera e introspectión intensa al mismo tiempo) y los textos extraídos de los diarios de su padre. Es muy profunda la permanente voz del difunto, la hondura intelectual y emocional de los textos de Siri resulta brillante y abrumadora, su perfil artístico es el de un ejemplar puro de intelectual dotado, pero su producción no aleja al lector a partir de esa circunstancia, como producen algunas obras ladrillo de otros escritores, la maestría de la escritora nos abre las puertas al dialogo interior, al disfrute de las historias bien construidas. Siri narra en su novela, desde el personaje masculino que surge de la figura de un hermano de la autora inventado y que la cuenta en primera persona (el hijo):
"Soy consciente de que la ausencia de mi padre había desatado aquella necesidad de anotar mis actos y sentimientos, pero al deslizar la pluma sobre las páginas comprendí algo más: yo deseaba responder con mis palabras a lo que él había escrito. Estaba hablando con un muerto"
De nuevo el ejercicio de la escritura resucita al padre y percute en los resortes interiores de autora y lector, el sendero desciende a lo primigenio, la palabra deviene sentido básico y lo consigue con esa manera tan característica con la que los escritores de EEUU parecen manejar con tanta solvencia desde la irrupción de Faulkner y Fitzgerald, una estructura de lenguaje limpia y precisa, que desarbola el devaneo, dispone nuestro interior sin remedio. Tengo una época de bastante buceo en la literatura USA contemporánea y la comparto con fruición con un grupo que se va ampliando y al que este apartado de la entrada va dedicado (MR, Carlota, Mimaría, Sumaría, Xavier), alguna vez tendré que hacer una entrada para glosar con algo de profundidad sobre las maravillas que se pueden encontrar bajo esta etiqueta literaria.
Retomo a Siri para ahondar en su fijación en la figura paterna y sobre todo en lo que la ausencia produce, ese hueco revelado que el inconsciente no ha dejado de preservar, somos rehenes de las carencias primigenias y el padre las simboliza de forma notable, apelar a su figura sirve de catarsis exorcizante. En las "memorias" que estoy leyendo de Siri, La mujer temblorosa (2009), la referencia al tema de esta entrada no puede ser más potente, en un texto que la escritora produce para trasladar su patología nerviosa a la luz, un viaje desde los síntomas, los tratamientos y .... (aún no lo he acabado), encontramos que la primera frase del primer párrafo dice lo siguiente:
"Cuando murió mi padre, yo me encontraba en mi casa de Brooklin......", estas palabras en un ensayo que pretende plasmar una vida de migrañas y transtornos nerviosos, no puede ser más significativas, ni más exactas, preludian el viaje por un trastorno básico. Qué gran escritora es Siri Hustvedt.
Nuestra última invitada en la panoplia de "perturbados conscientes" por la figura del padre, de artistas que se ponen muy serios cuando lo recuerdan, o que porque lo recuerdan se ponen muy serios, es una pinaista y cantante azerbayana, supongo que encontraré pocos lectores del blog que la conozcan, y eso es un refuerzo en la idea de hablar de ella y hacerlo glosando su viaje al padre. Aziza Mustafa Zadeh es una hermosa mujer con una presencia muy original en el firmamento musical, su propuesta es el resultado de la fusión entre un Jazz muy serio (muy Jarret) con el Mugham (uno de los tipos de música folclórica de Azerbayán) y el aderezo de algo de clásica como coadyuvante. El resultado, un flamígero cóctel de temas hermosos, intensos, rítmicos y coloristas procedente de una de las regiones que conforman la cuna de nuestra civilización, uno de esos países que componen el eje del mal del "amigo" Bush y uno de esos lugares en los que el peso de los milenios dota a todo de una perspectiva privilegiada.
Aziza era hija de un reputado pianista de Jazz que murió a los 39 años de edad cuando Aziza contaba con 10, el vínculo está muy iluminado esta vez, no hay que buscar en el inconsciente exhibicionista los nexos, la pianista sigue la estela de un padre con el que no ha podido hablar, que le ha hecho convivir con su recuerdo y del que ha extraído talento y vocación. La discípula triunfa en el empeño de la emulación del mentor y se convierte en una figura emergente y original en el saturado mercado musical. el poco conocimiento que se pueda tener de ella no es señal de que su talento o su producción sea marginal o algo similar, en el disco que contiene el tema del que quiero hablar la pianista se acompaña de músicos como Stanley Clarke, Bill Evans o Al di Meola, interpretes que no se embarcan en proyectos de dudosa consistencia, y por supuesto, este no es uno de ellos. Mi relación con esta artista es muy reciente, no va más allá de un mes (no siempre mis entradas van a ser historias del abuelo Cebolleta!), se produjo a partir de la búsqueda de música palestina que me incitó a hacer un compañero del trabajo, la red es una proveedora generosa y entre varios hallazgos relevantes me topé con Aziza, el flechazo fue instantáneo, el piano de Jazz tocado a orillas de Mesopotamia, la cultura más antigua destilando swing, la fusión total que Miles evocó en tantas creaciones, la luz cambiante y bastarda que la inspira me enamoró sin remedio. Su obra ya contiene nueve discos y en las pocas escuchas que he podido hacer de algunos y en las más de otros he ido apreciando de forma creciente el placer de conocerla, pero lo curioso es que su relación con esta entrada no ha sido buscada, se ha producido de forma muy ligada con el azar, ese revoltoso generador de bonitas historias. Cuando escucho música de alguien que conozco poco tengo el hábito de marcar los temas que me capturan con mayor fuerza con el sistema de estrellas que comparten reproductores como el Winamp (en el portátil) o el Itunes (en el Mac), ello me permite recuperar rápidamente el grupo de canciones que más me han gustado para proseguir en la captación del mundo particular del músico incorporado.
Ayer, mientras jugaba en la búsqueda de canciones presentes en mi discografía que contuvieran referencias al padre en su título me encuentro que la primera canción de Aziza que marqué, se llama justamente así, Father, y al leer el título me di cuenta de que mantenía las constantes de las cuatro obras relacionadas anteriormente y que había sentido esta intensidad en la primera escucha del tema (la lista contiene canciones que merecerían reseñas similares como: Ryan Adams - My father's son, Lisa Gerrard - Our father, Tom Waits - Sins of my father, Matisyahu - Father in the forrest, Elliot Murphy - My Father's house, Paul Simon - Father and daughter, Tori Amos - Father's son ... así hasta 46 piezas.
El álbum Dance of fire (1995), tercero de su carrera, finaliza con Father, y la pieza final presenta una ruptura tonal muy acusada, donde todo el disco ha presentado figuras luminosas que danzan en las cuerdas del piano camufladas en punteos que firmaría el mismo Paco de Lucía, mucho Mare Nostrum de nuevo en mis líneas, lo que en 12 tracks se desparrama de luz y aires de fiesta en el oasis, de repente se troca en el lamento intenso que transmiten añoranza y admiración. Aziza produce una elegía en un tema instrumental que no es fúnebre, hay demasiado amor en sus notas, pero que es, una vez más, muy profundo. No se me ocurre mejor final de esta lista, una artista describe la ausencia del padre a partir de las notas que un piano canta en soledad.
"Esa misma noche soñé que estaba con mi padre y que él extendía sus brazos hacia mí. Yo me inclinaba para que me abrazara, pero antes de que pudiera hacerlo me desperté. A la mañana siguiente me llamó mi hermana Liv para decirme que nuestro padre había muerto" Siri Hustvedt en La mujer temblorosa.
Dedicado a mi padre ausente.
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Lloyd Hustvedt, el agitador que no se ausenta |
"Soy consciente de que la ausencia de mi padre había desatado aquella necesidad de anotar mis actos y sentimientos, pero al deslizar la pluma sobre las páginas comprendí algo más: yo deseaba responder con mis palabras a lo que él había escrito. Estaba hablando con un muerto"
De nuevo el ejercicio de la escritura resucita al padre y percute en los resortes interiores de autora y lector, el sendero desciende a lo primigenio, la palabra deviene sentido básico y lo consigue con esa manera tan característica con la que los escritores de EEUU parecen manejar con tanta solvencia desde la irrupción de Faulkner y Fitzgerald, una estructura de lenguaje limpia y precisa, que desarbola el devaneo, dispone nuestro interior sin remedio. Tengo una época de bastante buceo en la literatura USA contemporánea y la comparto con fruición con un grupo que se va ampliando y al que este apartado de la entrada va dedicado (MR, Carlota, Mimaría, Sumaría, Xavier), alguna vez tendré que hacer una entrada para glosar con algo de profundidad sobre las maravillas que se pueden encontrar bajo esta etiqueta literaria.
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Siri, una autora de la nueva narrativa USA, una mirada profunda |
"Cuando murió mi padre, yo me encontraba en mi casa de Brooklin......", estas palabras en un ensayo que pretende plasmar una vida de migrañas y transtornos nerviosos, no puede ser más significativas, ni más exactas, preludian el viaje por un trastorno básico. Qué gran escritora es Siri Hustvedt.
Nuestra última invitada en la panoplia de "perturbados conscientes" por la figura del padre, de artistas que se ponen muy serios cuando lo recuerdan, o que porque lo recuerdan se ponen muy serios, es una pinaista y cantante azerbayana, supongo que encontraré pocos lectores del blog que la conozcan, y eso es un refuerzo en la idea de hablar de ella y hacerlo glosando su viaje al padre. Aziza Mustafa Zadeh es una hermosa mujer con una presencia muy original en el firmamento musical, su propuesta es el resultado de la fusión entre un Jazz muy serio (muy Jarret) con el Mugham (uno de los tipos de música folclórica de Azerbayán) y el aderezo de algo de clásica como coadyuvante. El resultado, un flamígero cóctel de temas hermosos, intensos, rítmicos y coloristas procedente de una de las regiones que conforman la cuna de nuestra civilización, uno de esos países que componen el eje del mal del "amigo" Bush y uno de esos lugares en los que el peso de los milenios dota a todo de una perspectiva privilegiada.
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El padre y la niña Aziza |
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Otra mirada, desde los milenios nos bailan el fuego |
El álbum Dance of fire (1995), tercero de su carrera, finaliza con Father, y la pieza final presenta una ruptura tonal muy acusada, donde todo el disco ha presentado figuras luminosas que danzan en las cuerdas del piano camufladas en punteos que firmaría el mismo Paco de Lucía, mucho Mare Nostrum de nuevo en mis líneas, lo que en 12 tracks se desparrama de luz y aires de fiesta en el oasis, de repente se troca en el lamento intenso que transmiten añoranza y admiración. Aziza produce una elegía en un tema instrumental que no es fúnebre, hay demasiado amor en sus notas, pero que es, una vez más, muy profundo. No se me ocurre mejor final de esta lista, una artista describe la ausencia del padre a partir de las notas que un piano canta en soledad.
"Esa misma noche soñé que estaba con mi padre y que él extendía sus brazos hacia mí. Yo me inclinaba para que me abrazara, pero antes de que pudiera hacerlo me desperté. A la mañana siguiente me llamó mi hermana Liv para decirme que nuestro padre había muerto" Siri Hustvedt en La mujer temblorosa.
Dedicado a mi padre ausente.