Este es un blog bastante lúdico, muy hedonista y pretende ser amable, como mínimo por la parte que represento, de la otra aún no tenemos noticias pero no hay que desesperar, algún día las habrá. Y por ello mis entradas son sobre el placer, creo que se podría etiquetar así si tuviéramos que hacerlo, el placer de la música, de la literatura, de los viajes, del cine, etc... Y me gusta que sea así, existen fuentes mucho más cultas y claras para nutrirse de lecturas sobre los innumerables aspectos de nuestra realidad, la de la especie humana, que son denunciables, degradantes o injustos, o las tres cosas a la vez. Esta ventana que internet me proporciona tan eficientemente pretende ser un refrescante oasis donde los lectores incorporan nuevos intereses o refrescan antiguos y el autor descarga su cabeza exponiendo conceptos en textos estructurados, creo que es un buen "negocio" para todos y las más de cinco mil visitas hasta la fecha así parecen avalarlo.
Pero hay conceptos que no pertenecen al goce artístico y que habitan mis paradigmas con la misma antigüedad y profundidad que, por ejemplo, la pasión por las disciplinas artísticas antes detalladas, uno de ellos es mi repulsa absoluta hacia la violencia en cualquiera de sus variedades y muy especialmente a esa tan extendida en la que podría parecer que la mitad del planeta ejerce sobre la otra mitad.
La resolución de las frustraciones mediante el uso de la violencia es la manifestación de impotencia mayor que puede exhibir un ser humano, con el agravante de que la violencia machista (el eufemismo de violencia de género para poder incluir al ínfimo porcentaje de violencia ejercida por la mujer me resulta grotesco) se ejerce de forma universal desde hace milenios y es entendida como una consecuencia natural de los roles de cada miembro de la pareja en muchas, por no decir casi todas, culturas. Expresiones zafias del tipo: La pega porque la quiere, Algo habrá hecho o Eres mía..., dichos como aquel provieniente de la cultura árabe: El marido al volver a casa debe pegar a su esposa, si no ha hecho algo para merecerlo, ya lo hará, o Si no sabes porque ella sí. Conviven con nosotros multitud de coartadas hacia ese odioso ejercicio de poder, innumerables disculpas "bienpensantes", demasiadas matizaciones para algo que no lo admite en ningún caso, y lo más terrible de todo es que el drama ya es infinito aunque lo sufra una sola mujer, entendámonos, no es la cantidad apabullante y continuada lo que lo hace monstruoso, es el hecho en sí mismo, el que esté tan brutalmente generalizado lo dimensiona a la sinrazón planetaria.
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Carteles contra la violencia contra mujeres |
El primero habla de la profusión del fenómeno, pero también de la dispersión cuantitativa por países, dice que entre el 10% y el 69% de las mujeres mencionan haber sido agredidas físicamente por su pareja en algún momento de sus vidas. Un 10% tiene que hacerte considerar que estás en un país "amable"!!!, una de cada diez mujeres que lo manifiesten, como es sabido que es un drama con mucho más silencio que voz, si se aplica una más que prudente conversión estaríamos hablando de una horquilla posible entre un 20-40%, ni pensar en la realidad de las mujeres en los países que tienen más de un 50% de violencia manifestada. La conclusión evidente es que el fenómeno es terriblemente habitual, que ser mujer en el mundo es comprar demasiados boletos de la lotería de los trompazos, vejaciones, violaciones y otras agresiones.
Un segundo dato ilustrativo es el de los "motivos" que generan este maltrato, esta tortura, este homicidio en vida. El informe habla de los desencadenantes de la violencia:
- No obedecer al hombre
- Contestarle mal
- No tener la comida preparada a tiempo
- No atender adecuadamente a los hijos o al hogar
- Preguntarle al hombre por cuestiones de dinero o de sus enamoradas
- Salir sin el permiso del hombre
- Negarse a mantener relaciones sexuales con el hombre
- Sospechas, por parte del hombre, de infidelidad de la mujer
Queda claro que el agresor es un energúmeno que considera que el compromiso de su relación incorpora una chica multiusos: Sumisa, Dócil, Cocinera eficiente, Asistenta del hogar y cuidadora de niños, Idiota, Agorafóbica, Puta y Casta. Pero todo ello es una falacia, el agresor golpea porque la realidad le ha situado en una situación de ventaja física, económica, cultural y social, él es un despojo que encima no es ni original.
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Carteles contra la violencia contra mujeres |
Cuarto punto. El secuestro social de la razón. El informe estudia las respuestas y motivos justificadores de la violencia, explica que muchas sociedades manejan niveles admisibles e inadmisibles de violencia, distinguen con precisión entre causas justas e injustas para las agresiones. Resulta nauseabundo leer los conceptos que se encuadran en las causas justas: desatención de obligaciones domésticas o sexuales, falta de respeto a los familiares del hombre o la infidelidad. Soprende que los datos no provienen exclusivamente de los países subdesarrollados o de estados confesionales, en un lugar desarrollado como mi querida Nueva Zelanda se produjo un 5% de justificación a la violencia si el hombre sorprendía a su pareja en la cama con otro hombre, así sin inmutarse. El informe cita a varias mujeres que justifican la violencia, sus palabras nos dan la profundidad con la que está instaurada esta práctica aberrante: “Pienso que si la esposa tiene la culpa, el esposo tiene el derecho de pegarle. […] Si yo hice algo mal […], nadie debe defenderme” (México), “Si se trata de una falta grave, el esposo tiene razón en pegarle a la esposa. ¿Por qué no? Una vaca no obedece si no es a golpes” (Tamil Nadu). Dos ejemplos escalofriantes, dos eslabones de la cadena que condena a la mitad de la población a ser candidata al puñetazo, eso sí, en algunos casos con jurisprudencia. Qué asco.
Una quinta aportación al horror, el círculo del silencio. Y sigue el informe desgranando aspectos de la abyección. Nos habla y nos documenta sobre la campana de cristal que envuelve este drama de forma habitual, el maltrato no se comenta, ni dentro ni fuera de casa, pertenece a un espacio de grotesca intimidad en la relación conyugal. Los datos son como era de esperar muy variados en las diferentes muestras estudiadas, oscilan entre un 68% y un 18% de mujeres que nunca dijo nada, si contamos de nuevo que las que hablaron para los encuestadores no son ni mucho menos todas, el desánimo nos aturde. En este aspecto precisamente es en el que podemos considerar de gran consistencia la idea de que existe una importante cantidad de mujeres que no aparecen en los números, deducir que entre las mujeres apalizadas, que nunca hablaron con nadie, habría una importante fracción que tampoco abrirán sus confidencias a un entrevistador no es una entelequia, es un dato sin fisuras. No obstante se debe desterrar la dualidad que asocia subdesarrollo con violencia doméstica de forma automática, muchos datos lo desmienten y en este punto, por ejemplo, se cifra en un 38% el porcentaje de mujeres de Gran Bretaña que jamás dijeron nada de las agresiones, una cifra escalofriante que manifiesta toda la extensión del silencio castrador.
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Todos los días, en tantos hogares |
El capítulo cuatro del informe, el referido a este infierno concluye con el siguiente texto:
"Conclusiones
La violencia en la pareja es un problema importante de salud pública. Para resolverlo se necesita la participación de muchos sectores que colaboren en los ámbitos comunitario, nacional e internacional. En cada ámbito, las respuestas deben incluir la potenciación de las mujeres y las niñas, los servicios de extensión a los hombres, la atención de las necesidades de las víctimas y el aumento de las sanciones para los agresores. Es vital que en las respuestas se involucre a los niños y jóvenes, y que la atención se centre en cambiar las normas comunitarias y sociales. Los adelantos logrados en cada una de estas áreas serán la clave para lograr reducciones de la violencia en la pareja en todo el mundo."
Y a uno se le queda el alma encogida y la sospecha de que en un mundo dominado por el sexo masculino la atención a este aspecto de la violencia es más formal que real, las conclusiones no dicen nada que pueda tildarse de falso o equivocado, pero tampoco dicen gran cosa, no traslucen todo el horror que los datos que las han generado transmiten. Creo que tanto trabajo de investigación merecería mayores y mejores conclusiones.
Y en la lectura del estudio dejo de poner la mirada hacia el conjunto, suspendo el análisis de la globalidad y intento focalizar en el microcosmos que es mi propia vida. Yo he estado con unas cuantas mujeres y he convivido con algunas, en ninguna de estas relaciones he percibido más idea del horror que el de la distancia, el de no vivir en complicidad, en ilusión, en el temor a no compartir el transcurso de los sucesivos "ahoras" de los que se compone la convivencia. Nunca se ha generado ni el asomo del conato de que algún conflicto haya derivado en violencia, nunca ha estado presente en ninguna de sus formas y no me había considero una aberración estadística, y por ello concluyo en que los que sintamos que todo esto es una horrorosa aberración debemos posicionarnos de forma muy rotunda frente a la misma, no podemos permitirnos ser cómplices por omisión, por distracción, por ceguera.
Tan solo pretendo mantener iluminado este aspecto tan sombrío de la humanidad, y que mi dolor sea el vuestro y que mi indignación también lo sea.
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Carteles contra la violencia contra mujeres |
Tan solo pretendo mantener iluminado este aspecto tan sombrío de la humanidad, y que mi dolor sea el vuestro y que mi indignación también lo sea.